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Profesionistas y el llamado de la docencia como opción laboral

Nadie nos prepara para llevar nuestra profesión a la docencia. Al parecer, es un “llamado” que llega después de un tiempo y que, una vez ahí, resulta muy satisfactorio. Todas las profesiones pueden estar en el camino de la docencia, pero “ojo” no todos serán los elegidos. 

Contemplar la docencia como el camino profesional no es lo que siempre se anhela cuando egresamos de la carrera y la explicación es simple. Para muchas asignaturas, la docencia necesita de experiencia en el campo laboral para que realmente sea complementaria y real.

Pero ¿en qué momento llega el “llamado vocacional” a nuestras vidas? ¿Por qué es una opción laboral si no es justamente de las actividades mejor pagadas?

Experiencia en el campo laboral

La gran mayoría de las asignaturas  requieren que los docentes tengan experiencia laboral activa o al menos previa. El campo laboral de cada profesión nos ayuda a interactuar de manera activa con el mundo real, algo que es clave para retroalimentar a los alumnos y ofrecerles experiencias más enfocadas y aterrizadas. 

Un tema de vocación

La Fundación Vocación Humana define la vocación como:

“Vocación Humana alude al llamado interior que todo ser humano recibe para desarrollar sus propias potencialidades. Tal llamado no se limita a la vocación profesional, aunque la incluye. Todos los seres humanos tenemos una vocación única e irrepetible que consiste en ser más nosotros mismos y que, lejos de encerrarnos en una actitud egoísta, nos compromete, a la vez, con nuestra esencia, con el prójimo, con el mundo y con la trascendencia”.

 

¿Cómo saber si tenemos vocación para enseñar? Antonio Moreno, profesor del Tecnológico de Monterrey y cofundador de una agencia creativa, nos cuenta que para él la vocación la vio llegar de la mano de sus padres, ambos profesores de Educación Superior. “La docencia siempre me llamó la atención porque vi a mi papá que tenía muy buena relación con sus alumnos y el proceso de mi mamá también convirtiéndose en maestra y ver cómo era algo que los dos disfrutaban mucho. A pesar de que eran de cosas totalmente diferentes, siempre veía cómo la enseñanza iba más allá del salón de clases. De alguna forma siento que me transmitieron la enseñanza como una vocación y no un trabajo; es lo que siempre vi en ellos y se volvió como algo medio aspiracional en mi. Creo que la educación, del área que sea, es de las tareas fundamentales que mucha gente valora o recuerda cuando tiene un buen maestro. También algo que me ha ayudado mucho es que he tenido puras clases de lo que yo trabajo y disfruto; entonces, luego también aprendes mucho como profesor de estar dando clases”.

El inicio de una nueva etapa profesional

Mariana Fernández, profesora de UNIDEP, nos cuenta que aunque nunca tuvo en mente dar clases, la oportunidad llegó y fue sorprendente.  “Cuando se me presentó la oportunidad de dar clase, sentí mucho entusiasmo al pensar que iba a poder aportar a la educación de mis futuros alumnos un granito de arena diferente. Sí, dentro de la línea académica necesaria, pero aprovechando mi experiencia de trabajar en mi profesión desde hace muchos años, y que así iba a poder impartir una clase en la que los alumnos tuvieran libertad y, al mismo tiempo, respetar e impulsar su creatividad, basado en mostrarles la realidad de campo”.

 

¿Todos estamos listos para la docencia?

Los expertos señalan que la docencia no es para todos. Esto no representa algo bueno o malo. No importa qué tan bueno o exitoso seas en tu profesión, la docencia va más allá de eso. “Yo creo que la docencia no es para todos. Yo he tratado con muchos profesores y profesionales que saben mucho de un tema, pero eso no los hace buenos maestros, ya sea por el trato con los alumnos, por el tiempo, por su forma de ser, por la forma en la que se organizan. Definitivamente,  sí se debe tener una vocación para enseñar más allá del conocimiento de la materia”, comenta Antonio Moreno. 

 

¿Si no se paga bien por qué quiero ser docente?

Una vez más, el llamado de la vocación. La docencia no es tan bien pagada en todo el mundo; es un acto de fe y compromiso por los demás lo que nos hace de una forma no poder dejarla. 

Para la gran mayoría, la docencia no paga las cuentas, pero da a cambio una satisfacción extra para cualquier profesional.

 

Antonio tenía 26 años cuando comenzó a dar clases, pero antes tuvo que evaluar muchas cosas para poder dar el paso, entre ellas: el tiempo invertido y su propia economía. 

“Cuando comencé tuve muchos problemas con la carga de trabajo y la escuela. Tuve que tomar la decisión de darle prioridad a una. Como ahorita estamos recién empezando nuestra empresa la tuve que poner en primer lugar y rechazar un par de clases para enfocarme en esto. Incluso, un maestro mío me dijo que yo era muy joven para ya encerrarme a enseñar y debía enfocarme en mi carrera. Ahora me doy el tiempo de hacerlo, a pesar de que a veces es pesado, porque es algo que disfruto hacer y si bien es una carga, también me gusta mucho ese trabajo y lo veo como algo justo que hago más por gusto. Quizás es un lujo el verlo así, pero sé que podría no hacerlo y que no es mi ingreso principal.

 

Imagen de Hier und jetzt endet leider meine Reise auf Pixabay aber en Pixabay

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